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	<title>Esquina Boxeo</title>
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	<description>Lecturas desde el ring</description>
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		<title>Don King en el crepúsculo</title>
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		<pubDate>Wed, 22 May 2013 22:47:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Thomas Hauser</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Escena Actual]]></category>
		<category><![CDATA[Bernard Hopkins]]></category>
		<category><![CDATA[Bob Arum]]></category>
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		<category><![CDATA[Thomas Hauser]]></category>

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		<description><![CDATA[Qué sucedió al poder de Don King? ]]></description>
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<div class="caption">Don King</div>
</p></div>
<p>Don King llegó al Barclays Center, para el encuentro del 9 de marzo por el título de las 175 libras de la FIB entre Bernard Hopkins y Tavoris Cloud, poco después de las ocho de la noche.</p>
<p>King tendrá 82 años el próximo 20 de agosto, pero conserva la vitalidad y presencia física de un hombre de la mitad de su edad. Su robusta complexión, su sonrisa de Gato de Cheshire, su resonante voz y su aguda risotada sugieren una fuerza de la naturaleza.</p>
<p>Adonde sea que vaya, King es pronto encapsulado en una burbuja de atención pública. Todos, desde los altos ejecutivos hasta los hombres y mujeres que van por las calles, se detienen y miran, atraídos hacia él.</p>
<p>En el número del 2 de septiembre de 1974 de la revista <em>Sports Illustrated</em>, Mark Kram escribió: “Don King es grande, negro, y difícilmente hermoso, un panorama de 50 quilates de brillante vulgaridad y cruda energía, un hombre que quiere tragar montañas, caminar océanos y dormir sobre las nubes”.  </p>
<p>Para América esa era la presentación convencional de King. Dos meses después Muhammad Alí destronó a George Foreman en Zaire cuando Don jugaba el rol principal en la promoción. En las décadas que siguieron, King fue el promotor de más de 500 peleas de campeonato. En cierto momento Producciones Don King podía presumir de ser el promotor de siete de las diez más grandes peleas de pago por evento de la historia (según ventas totales) y de 12 de las 20 peleas con mayor número de asientos vendidos en la historia de Nevada.     </p>
<p>King ha sido el promotor de Alí, Foreman, Joe Frazier, Larry Holmes, Mike Tyson, Evander Holyfield, Ray Leonard, Roberto Durán, Julio César Chávez, Félix Trinidad, Roy Jones y docenas de otros peleadores del Salón de la Fama. King es uno de las pocas personas del boxeo que han trascendido el deporte. Su nombre y su cara son más reconocibles que la de Floyd Mayweather Jr. o que la de cualquier otro peleador en activo.</p>
<p>“La gente se me acerca todo el tiempo, me hacen cargar a sus bebés y me piden que los bese”, dice alegremente King. “Eso no le pasa a Bob Arum [fundador de Top Rank] o a Richard Schaefer [CEO de Golden Boy Promotions].”</p>
<p>Los aficionados al boxeo están acostumbrados a verlo con smoking la noche de la pelea, una brillante aparición envuelta en una joyería tan ostentosa que parece reflejar todo desde la punta de su cabello hasta el negro charol de sus zapatos.</p>
<p>En Barclays, King mostraba un aspecto diferente. El promotor vestía tenis de correr de color rojo, azul y blanco, pantalones de pana marrones, camisa azul, corbata con la imagen de la bandera de Estados Unidos y una chaqueta de mezclilla con estrellas estampadas y adicionada con tres botones “Obama”. La chaqueta (una de las tres dedicadas a América que posee el promotor) estaba increíblemente raída. En contraste, sus uñas estaban impecablemente manicuradas. En una mano llevaba un cigarro sin prender y en la otra banderitas que representaban a un par de docenas de países. El nombre de cada país estaba escrito en la base de cada respectiva asta.    </p>
<p>Hubo un tiempo en que a King no le importaba mucho quién ganaba o perdía un gran encuentro porque controlaba a ambos peleadores. Hace mucho que esos tiempos se han ido. Ahora es raro para Don controlar siquiera a uno de los contendientes en una pelea de consideración. Cloud tenía un contrato con King pero la pelea con Hopkins fue la última de su arreglo promocional. Se suponía que, ganara o perdiera, Tavoris también se habría ido. Y es muy posible considerar que esta fue la última pelea de King en HBO.</p>
<p>¿Qué le sucedió al poder de King?  </p>
<p>Para los no iniciados, King fue prisionero de su propio éxito. Lo que había funcionado en el pasado dejó de hacerlo. Pero King tenía el suficiente dinero y las suficientes trapacerías de los años de gloria que no se vio forzado a adaptarse. Los tiempos cambiaron pero él no cambió con ellos. A King le gusta tener el control. Siempre ha tenido en la mano todos los cabos de cada parte de sus negocios. Le gusta que todo pase por él y prefiere no compartir ninguno de los secretos del negocio con nadie. Así que nunca ha tenido a un buen segundo que lo ayude con la carga pesado o lo guíe en nuevas direcciones.</p>
<p>Don siempre ha tenido la sartén por el mango. Durante años, el control del campeón de los pesados (Alí, Holmes, Tyson) y de los peleadores abajo de ellos fue su activo más valioso. Después perdió el control. Se las arregló para perseverar con peleadores como Félix Trinidad y Julio César Chávez pero la dinámica del poder en el boxeo se inclinaba en favor de la cadenas televisivas de paga. Sus ejecutivos encontraron que había promotores con los cuales era más fácil lidiar. Después que Don llevara a Tyson a Showtime a mediados de la década de 1990, HBO tomó la decisión de licenciar cada vez menos peleas para él. Luego King perdió a Tyson y Showtime se alejó de él. Eventualmente King se quedó sin un peleador sustancial para los ejecutivos de las cadenas y HBO comenzó el proceso de ayudar a construir Golden Boy.</p>
<p>Además, si King había acaparado varios espacios relacionados con sus negocios (y eran muchos), otros promotores comenzaron a acaparar incluso con más fuerza. Los organismos reguladores encontraron a nuevos solicitantes con los cuales equilibrar sus balances. Los tentáculos de estos promotores pronto alcanzaron cada esquina de la industria boxística, tal y como Don alguna vez lo había hecho.</p>
<p>Mientras tanto, la reputación de King comenzaba a pasarle la factura. La atención nacional se enfocó en él de manera muy crítica. Los peleadores de élite se cuidaron de firmar con él. Fue objeto de un escrutinio legal más intenso que el de otros promotores y, en ocasiones, medido con una vara más alta.</p>
<p>Y finalmente Don se volvió viejo. La gente comienza a bajar a intensidad a determinada edad. No hay campeones internacionales de ajedrez de 80 años. A cierta edad hombres y mujeres comienzan a pensar una jugada con menos anticipación de lo que solían hacerlo.</p>
<p>“Yo soy como Churchill”, dice King. “Nunca me rendiré.”</p>
<p>Pero en el Barclays Center uno tenía la sensación de que King alcanzaba el final de un viaje extraordinario. Y a pesar de que su peleador era el campeón, fue Hopkins (promocionado por Golden Boy) quien fue enlistado como el primero en todo el material promocional. Cloud era intercambiable, un tipo con un cinturón. Hopkins vs. Cloud era más bien acerca de Hopkins.  </p>
<p>La característica definitiva de la carrera de Bernard ha sido su longevidad. Como lo ha notado Tom Gerbasi: “Tomó el tiempo de cuando los legados de los boxeadores son destruidos o al menos empañados e hizo el suyo aún más grande”.</p>
<p>Hopkins alcanzó la fama gracias a su nocaut en el doceavo round de Félix Trinidad, el 29 de septiembre de 2001. Tenía 36 años y se suponía que sus días en el boxeo estaban contados.</p>
<p>Un gran número.</p>
<p>En los siguientes 41 meses Bernard logró victorias sobre Carl Daniels, Morrade Hakkar, William Joppy, Robert Allen, Oscar De la Hoya y Howard Eastman. Luego, a los 40, perdió dos veces ante Jermain Taylor. Ahora, con toda seguridad, el fin estaba cerca.</p>
<div class="imagen-derecha" style="text-align: right;"><img alt=""src="http://esquinaboxeo.com/wp-content/uploads/2013/05/hopkins.jpg"/>
<div class="caption">Bernard Hopkins</div>
</p></div>
<p>Desde entonces el récord de Hopkins ha sido desigual. Antes de enfrentar a Cloud no había logrado un nocaut desde que en 2004 detuvo a Óscar de la Hoya. Y en los ocho años anteriores produjo seis victorias, cuatro derrotas, un empate y una pelea sin decisión. Y en los 35 meses anteriores sólo había ganado una pelea. Pero siempre fue competitivo. Y lo que lo vuelve realmente impresionante es su edad. Ahora tiene 48 años de edad.</p>
<p>Margaret Goodman (ex jefa de doctores de la Comisión Atlética de Nevada) dice: “Si un peleador es lo suficientemente viejo como para necesitar Viagra, entonces no debería estar peleando.”</p>
<p>Hopkins dice: “Soy un peleador. Eso es lo que hago. La edad no es mi enemigo. No miren el número. Miren al hombre. Yo no cuento los años. Los demás lo hacen. Me detendré el día que quiera hacerlo.”  </p>
<p>Hopkins tiene un increíble trabajo de pies, gran balance y una quijada de piedra. Llega a las peleas en la mejor condición posible y es un maestro en el dominio del ring.</p>
<p>“Ninguna pelea es sobre el pasado,” dice Bernard. “Toda pelea es sobre el ahora. Tomo cada pelea como si fuera la piedra angular de una nueva generación.”</p>
<p>Su mentalidad incluye además un sano respeto por la tradición del boxeo.  </p>
<p>“No sé si hubiera sobrevivido en una época como la década de 1940,” reconoció Hopkins varios años atrás. “Peleando tres o cuatro veces al año creo que habría sido competitivo en tal época. Pero mental y físicamente habría sido duro para mí pelear 14 o 15 veces al año como aquellos tipos solían hacerlo.”</p>
<p>En suma, cuando Hopkins sube al ring, lo hace con el peso de la historia detrás suyo y el peso de la edad sobre sus hombros.  </p>
<p>Hopkins-Cloud fue la primera pelea de Bernard en Nueva York desde 2001. Los juegos mentales de siempre hicieron su aparición, como cuando Hopkins se presentó a la conferencia final de prensa con una sudadera cubriéndole la cabeza, gafas oscuras y una máscara que le cubría el rostro, sin decir palabra.</p>
<p>“Sería un tonto si cayera en los juegos mentales de Bernard Hopkins,” dijo Cloud a la prensa. “Ese es un juego de tontos, caer en esas trampas. Él vive en su propio mundo, así que lo dejaré ser hasta el 9 de marzo.”</p>
<p>Cloud era favorito tres a dos, con base mayormente en la diferencia de 17 años entre ambos peleadores. Cuando Bernard se hizo profesional en 1988, Tavoris tenía seis años de edad. El debut de Cloud no se dio sino 30 meses después que “El viejo Hopkins” venciera a Tito Trinidad en 2001.  </p>
<p>“No creo que ningún peleador pueda permanecer joven por siempre, no importa cuánto lo intenten,” dijo Tavoris, “y es evidente que ha disminuido en los últimos dos años.”</p>
<p>Pero el sentimiento entre la intelligentsia boxística era que la juventud era la única ventaja de Cloud. El récord de Tavoris era de 24-0, pero no había mucho en su currículum. Sólo había tenido dos peleas desde 2010. El único boxeador hábil de nota contra el que peleó fue Gabriel Campillo. Campillo ganó esa pelea, pero dos de los tres jueces le dieron el beneficio a Cloud. Los otros “nombres” en el currículum de Cloud fueron Clinton Woods y Glen Johnson. Aparte de Yusaf Mack (quien había sido noqueado en tres de seis peleas en los pasados 45 meses), Cloud no había noqueado a ningún oponente desde 2008.  </p>
<p>Más aún, los peleadores que durante los años habían dado problemas a Hopkins (Roy Jones de joven, Jermain Taylor, Joe Calzaghe y Chad Dawson) todo tenían más velocidad que él. Cloud es lento en el juego de pies y lento para soltar las manos.</p>
<div class="imagen-derecha" style="text-align: right;"><img alt="" src="http://esquinaboxeo.com/wp-content/uploads/2013/05/king3.jpg"/>
<div class="caption">Don King</div>
</p></div>
<p>Mientras tanto mucha de la actividad antes de la pelea se enfocó no en Hopkins vs. Cloud sino en Hopkins vs. King. Tenían una larga y contenciosa relación.</p>
<p>King promovió a Hopkins durante la mayor parte de su reinado como campeón de los medianos y Bernard (como muchos de sus correligionarios) se encabritó ante lo que consideró una explotación por parte de Don. Pero Bernard propició la justa venganza en 2001, cuando noqueó a Félix Trinidad para así descarrilar los planes del promotor de una megapelea en el estadio de los Yankees entre Trinidad y Roy Jones. Y sin embargo Hopkins seguía bajo contrato con King por tres peleas más que se llevarían a cabo en dos años.</p>
<p>King, por supuesto, apoyaba a Cloud en su próxima batalla contra Hopkins.</p>
<p>“Tavoris Cloud vencerá a Bernard Hopkins,” proclamó Don en la conferencia inicial del 15 deenero (llevada a cabo en el cumpleaños número 48 de Bernard). “No es una corazonada o especulación o pronóstico. Es una promesa.” En la misma ocasión King se dirigió a Hopkins para notar: “Eres listo. Cuando Tavoris te noquee sabrás que es tiempo de retirarse.”</p>
<p>Pero en general King bajó la intensidad de la la retórica. “Amo al tipo,” dijo de Bernard. “No tengo ningún problema con él.”</p>
<p>Hopkins tenía una visión diferente.</p>
<p>“No me gusta Don King,” declaró, “y he dejado claro que no me gusta Don King. Tavoris Cloud es el último caballo de Don. No hay más establo. Y cuando el último caballo de Don se rompa una pierna, Don estará acabado. Quién iba a pensar que Bernard Hopkins -no la mafia, no la gente de la calle, no los peleadores que durante años lo amenazaron, no los otros promotores-, quién iba a pensar que sería yo quién por fin lo acabaría? Todo peleador que Don me puso enfrente lo noqueé. Tengo un récord de 15-0 con él. Entiendo cuál es mi mayor motivación. Don King, queriéndolo o no, me ha ayudado a construir mi legado y lo he vencido desde siempre. Poner el último clavo en su ataúd, es un honor.”</p>
<p>A ello Richard Schaefer añadió: “Creo que [King] disfruta lo que hace, pasearse con su chaqueta y sus banderitas y gritando ‘Puerto Rico`. Ni siquiera tiene un peleador de Puerto Rico. Vive en el pasado.”</p>
<p>King lo toma como es.  </p>
<p>“Estoy encantado de haber escuchado algunos de los comentarios que ha hecho el señor Hopkins,” dijo Don durante una conferencia telefónica el 27 de febrero. “Creo que ha sido excelso. Bernard ha hecho un gran trabajo como promotor y quiero decir que no lo considero mi némesis. Creo que es fantástico que haya tenido tan única, grandiosa y maravillosa carrera. Nadie le puede quitar eso. Amo a Bernard. Ambos somos alumnos de la penitenciaría. Es un hermano fraternal.”</p>
<p>De hecho, existen muchas similaridades entre ambos hombres. Como King, Hopkins (lo admita o no) se ha convertido en parte del establishment boxístico. Como King, Hopkins ha desafiado el tiempo y usado las palabras como un arma. Hubo un tiempo en que King fue el hombre que trabajaba más duro en el boxeo y también el hombre más duro trabajando en el boxeo. Ahora dicho manto pertenece sin dudas a Hopkins. Ambos tienen una mentalidad que no ofrece concesiones y quieren todo para sí.</p>
<p>Escuchen a Bernard hablar:</p>
<p> “No es suerte. La suerte no me ayudó a salir de la penitenciaría sin haber sido asesinado, navajeado o violado o lo que sea. La suerte no me sacó del gueto y cambió mi vida. Es el trabajo duro el que crea la suerte.”  </p>
<p> “Las reglas son diferentes para Bernard Hopkins. Las reglas deben ser diferentes para Bernard Hopkins porque yo las he hecho de esa manera.”</p>
<p> “Estoy haciendo algo que se supuestamente no puede hacerse. Ahora se convierte en algo diferente y eso es lo que yo soy. Diferente.”</p>
<p> “Lo hago a mi manera”.</p>
<p>King ríe cuando se le citan las palabras de Bernard.</p>
<p>“Bernard quiere ser como yo,” dice el promotor, “pero aún le falta mucho camino por recorrer.”</p>
<p>Cuando Don King llegó al Barclays Center la noche de la pelea, fue directamente a los vestidores de Tavoris Cloud.  </p>
<p>“Let’s get ready to rumble,” dijo al peleador. “Haz tu trabajo. Luego iremos a casa y comeremos un bistec.”</p>
<p>En años pasados, a aquello habría le habría seguido un tour pre-victoria alrededor de la arena. Esta noche King se conformó con una silla acolchada, donde permaneció hasta que Cloud caminó al ring dos horas y media después. Para Don era más cómodo permanecer ahí y además le requería menos energías.</p>
<p>La habitación estaba tranquila y así permanecería la mayor parte de la noche. No había música, muy poca conversación entre el equipo del peleador y virtualmente ninguna interacción entre el Team Cloud y King.</p>
<p>De pronto el promotor sacó un teléfono de su chaqueta y comenzó a barrer su dedo por la pantalla para pasar de foto a foto.</p>
<p>“Este soy yo con Jimmy Carter. Este soy yo con el primer presidente Bush&#8230;Bill Clinton&#8230;George W. Bush&#8230; Mobutu [Sese Seko]&#8230; Coretta Scott King&#8230; Ferdinand Marcos&#8230; Nelson Mandela. Él es la persona más interesante que he conocido.”</p>
<p>Abel Sánchez (el entrenador de Cloud) llama la atención del inspector de la Comisión Atlética de Nueva York, Mike Paz, respecto de una cortada en el dedo índice derecho de Cloud que no había sanado plenamente.</p>
<p>“Podemos poner una pieza de cinta sobre la cortada para protegerla antes del vendaje?”</p>
<p>La respuesta fue no.</p>
<p>“Hugo Chávez. Adoro al hombre. Fue como un hermano para mí&#8230; Silvio Berlusconi&#8230; Jacques Chirac en la Casa Blanca francesa.”</p>
<p>Luego continuó con una serie de fotos de luminarias boxísticas.  </p>
<p>“Muhammad Ali. Yo y él, cambiamos la historia&#8230; Joe Frazier&#8230; Mike Tyson&#8230; Larry Holmes&#8230; George Foreman&#8230; Roberto Durán&#8230; Felix Trinidad&#8230; las grandes peleas reúnen a la gente. No se trata sólo de dos hombres peleando. Se trata de acercar a gente de diferentes culturas. Es una felicidad que la gente siente en sus corazones y de la cual hablarán por años. Yo no he promovido sólo peleas. He promovido culturas y gente. Cuando agito la bandera de Puerto Rico y grito ‘Viva Puerto Rico!’, todo Puerto Rico se involucra.”</p>
<p>Más fotos. Entonces King hace una pausa al encontrar una imagen de sí mismo, más joven, junto a su esposa de cinco décadas.</p>
<p>Henrietta King murió en diciembre de 2010.</p>
<p>“Mi maravillosa esposa, Henrietta. La extraño mucho. Todo lo que he logrado en la vida, se lo debo a ella.”</p>
<p>El muestrario continuó.</p>
<p>“El Papa Benedicto. Acaba de renunciar&#8230; Ese soy yo en las Naciones Unidas&#8230; Henry Kissinger&#8230;Aquí hay más presidentes. No recuerdo de qué países son&#8230;Shimon Peres en el Muro de los Lamentos&#8230;Ahí con un panda gigante en China&#8230;Aquí con algunas tropas. Yo apoyo a las tropas adonde quiera que voy&#8230;Esta es la foto de una pintura que el Papa me regaló. Vale un millón de dólares. Michael Jackson&#8230; Janet Jackson&#8230; Christie Brinkley&#8230; Celine Dion&#8230; Danny Glover&#8230; Natalie Cole&#8230; Estos son unos artistas de hip-hop&#8230; LeBron James&#8230; Martina Navratilova&#8230; Roger Federer&#8230; Rafael Nadal&#8230; Todas estas personas y yo salimos del gueto en Cleveland.”</p>
<p>Luego una foto de King abrazado a una mujer encanecida con su cabeza apoyada en el pecho de Don.</p>
<p>“Mi hermana Evelyn. Éramos siete. Seis hombres y una mujer. Somos los últimos dos.”</p>
<p>King miró las fotos alrededor de una hora. Uno puede conjeturar que las personas cuya foto se encuentra en ese teléfono recuerdan también su encuentro con Don.</p>
<p>“La recompensa está en el viaje,” agregó King, “Y yo he tenido un fantástico viaje.”</p>
<p>Hacia las 9:30 Cloud se puso de pie y comenzó a hacer sombra.</p>
<p>Pasó otra hora.</p>
<p>“A veces me pongo ansioso antes de una pelea,” admitió King, “pero uno no quiere mostrar eso a su peleador.”  </p>
<p>Entonces King comenzó a hablar acerca de Bernard Hopkins vs. Félix Trinidad y de cómo el destino había conspirado para negar a Trinidad lo que se le debía. Al Team Cloud no le podía importar menos lo que había pasado en el boxeo hace más de una década.</p>
<p>Don agitó su banderita de Puerto Rico y gritó “Viva, Puerto Rico!”</p>
<p>Silencio.</p>
<p>King cambió su atención hacia el peleador enfrente de él.</p>
<p>“El señor Trueno,” bramó. “La tormenta viene. Deja que el aire caliente se mezcle con el aire frío y entonces tendremos una tormenta. Dios partió las aguas para Moisés. Esta noche nosotros partiremos las aguas. Este hombre conectará un golpe que nos librará a todos. Las paredes de Jericó cayeron hechas añicos. Tú darás ese poderoso golpe para toda la humanidad.”</p>
<p>A las 10:50 Cloud dejó los vestidores y caminó hacia el ring con King detrás suyo.</p>
<p>Los peleadores fueron presentados. Hopkins no miró a King y se negó a escuchar las instrucciones finales del réferi Earl Brown en el centro del ring hasta que Don dejó el ring y comenzó a buscar su asiento en la fila delantera enfrente de la cámara principal de televisión.</p>
<p>Sonó la campana. La pelea comenzaba.</p>
<p>Antes del encuentro Cloud dijo: “Si miras pelear a Bernard Hopkins verás que no pelea durante todo el round. Así que uno tiene que ir y hacerlo pelear. No tienes que dejar que te trabe ni nada de eso. Tienes que desafiarlo con tu estilo de pelea. Tienes que ir y patearle el culo.”</p>
<p>“Sé que soy el mejor peleador,” respondió Hopkins. “Sé que tengo el mejor I.Q. y que soy el peleador con la mejor condición física. Cloud es unidimensional. Adoro su estilo. Vendrá directamente a mí.”</p>
<p>La pelea se dio al tiempo que dictó Bernard. Jimmy Tobin lo resumió muy bien en TheCruelestSport.com:</p>
<p>“Gabriel Campillo ya había escrito en el cielo las limitaciones de Cloud,” escribió Tobin. “Y Hopkins leyó el mensaje. Esta fue una sensacional demostración debido a la edad de Hopkins y no por su oponente. Con una combinación de fintas, movimientos bien intencionados y un puñado de desalentadores golpes, Hopkins desdibujó a Cloud física y mentalmente. Cloud pasó largos momentos de la pelea siguiendo a Hopkins sin provocar daño mientras aquel se escurría por las cuerdas. Debió forzar la pelea en contra de Hopkins y así aumentar sus posibilidades de conectar con algo lo suficientemente significativo para recordarle a Hopkins su edad. Debió usar sus fortalezas, abandonar el intento por pensar, e intentar acometer con todo a la única persona en el ring que no usaba una camisa rayada. Pero est ferviente ataque nunca se materializó. Incluso a la distancia Cloud mantuvo sus armas bien enfundadas.”</p>
<p>King sabe qué es lo que ve. No dijo mucho mientras la pelea progresaba, pero lo que dijo daba en el punto.  </p>
<p>“Movimientos de veterano por parte de Bernard&#8230; Ves cómo tira el codo?..Justo lo acaba de hacer&#8230;Siempre que Cloud entra Bernard lo atrapa pero de la manera en que la mayoría de los peleadores lo hace. Atrapa la cabeza de Cloud con su brazo, lo baja y tuerce. Eso debilita a cualquiera, pero uno lo hace tanto como el réferi lo permita.”   </p>
<p>Pero había momentos de esperanza.</p>
<p>“Eso es. Al cuerpo. Eso sí llamó la atención de Bernard y lo hizo extender las piernas&#8230;Bernard ensaya una gran cara de póker. Nunca muestra cuando ha sido lastimado, pero lo fue&#8230; Cloud tiene que aumentar el ritmo y obligarlo a pelear.”</p>
<p>En el round seis Hopkins hizo una cortada en el párpado izquierdo de Cloud. Y mientras los rounds continuaban siguió marcando el ritmo y los términos de la pelea. Hacia el round 10 King mostraba un gesto de resignación. Y hacia la mitad del doceavo levantó la vista hacia la pantalla gigante para ver cuánto tiempo quedaba.</p>
<p>“Bernard lo hizo&#8230; Gran trabajo. Es un buen peleador.”</p>
<p>La lectura de las tarjetas de los jueces fue anticlimática: 116-112 (dos) y 117-111 para Hopkins.  </p>
<p>Don King ha tenido muchos críticos en todos estos años y yo he sido uno de ellos. Pero este es momento de alabar al César, no de enterrarlo.</p>
<p>King fue capaz de sentarse con profesionales en el otro lado de la mesa de negociación (ya fuera con Seth Abraham de HBO o Bob Arum de Top Rank) y hacer lo que fuera necesario a fin de llevar a cabo las grandes peleas que el público quería ver. Co-Promociones históricas como Alí-Frazer III, Holmes-Cooney, y Trinidad-De la Hoya llevan su marca. Su calidad colocó a 132,247 fans en las gradas del Estadio Azteca para Julio César Chávez-Greg Haugen. Y si alguien piensa que cualquiera habría podido vender boletos de Chávez en la ciudad de México, King también agotó las entradas al Savvis Center en San Louis para Cory Spinks vs. Zab Judah. Si Don llevara la batuta estos días, Manny Pacquiao vs. Floyd Mayweather ya habría sucedido.</p>
<p>“Todo mundo intenta hacer lo que yo he hecho,” dijo King tres días antes de Hopkins-Cloud. “Pero nadie puede tocarme, no en esta vida.”</p>
<p>Así que al menos por un momento dejemos de lado lo reprobable y celebremos la emoción y la energía que Don King ha traído al boxeo en los pasados cuarenta años.</p>
<p>“Nunca será posible reemplazar el boxeo como deporte,” ha dicho King.  </p>
<p>Y el boxeo tampoco será capaz de reemplazar a Don King. Cuando se haya ido habrá dejado una huella global. </p>
<p><em>Traducción de Mauricio Salvador</em></p>
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		<title>Portada 7</title>
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		<pubDate>Wed, 22 May 2013 21:42:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mauricio Salvador</dc:creator>
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		<title>THE UGLY AMERICAN: Floyd Mayweather Jr. y la Ausencia de la Presencia.</title>
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		<pubDate>Tue, 14 May 2013 16:02:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Acevedo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Robert Guerrero]]></category>

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		<description><![CDATA[Con su irrisorio currículo, Guerrero ingresó así a la lista A de Mayweather, un club exclusivo para peleadores que no tienen ninguna oportunidad de ganarle. Fue un espectáculo soso por parte de Mayweather pero, al parecer, no lo suficientemente soso como para evitar que algunos lo consideraran una obra maestra.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="imagen-derecha" style="text-align: right;"><img alt="" src="http://esquinaboxeo.com/wp-content/uploads/2013/05/mayweather-fight-photo-4_3_rx383_c540x380.jpg"/>
<div class="caption">Robert Guerrero y Floyd Mayweather</div>
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<p><a href="http://esquinaboxeo.com/english/the-ugly-american-floyd-mayweather-jr-and-the-absence-of-presence">[ENGLISH VERSION]</a><br />
<center>***</center></p>
<p>El mes pasado Guillermo Rigondeaux dominó a Nonito Donaire durante 12 aburridos rounds transmitidos por HBO. Rigondeaux peleó con toda la cautela de un hombre que desactiva una bomba de tiempo mientras ávidos abucheos llenaban el Radio City Music Hall como globos tristes. Y todavía no se difuminaban los ecos de los abucheos cuando algunos de los <em>illiterati</em> del boxeo comenzaron a comparar a Guillermo Rigondeaux con Willie Pep. Ah, charla histórica por parte de los discapacitados históricos. Willie Pep marcó una vez un récord de asistencia en el Madison Square Garden. Willie Pep peleó en estadios de beisbol. Willie Pep produjo “ooohhhs” y “aaaahs”, y no boohs y blahs. El Orange Bowl, el Madison Square Garden, el Chicago Stadium, el Auditorium Kiel, el Boston Garden, el Polo Grounds y el estadio de los Yankees son sólo algunos de los lugares en los que Pep mostró su talento.</p>
<p>La única manera de que Rigondeaux -que en una ocasión atrajo 375 fans a una pelea de campeonato-, actúe en un estadio de beisbol sucederá cuando haga el lanzamiento inicial antes de un partido de los Delfines de Florida. Pues aquí tenemos a otro peleador -Rigondeaux- intuitivamente consciente de que no es el público quien paga su salario. Por supuesto, se siente confortable confrontando a los críticos respecto de los boletos y diciendo a Max Kellerman en la entrevista tras la pelea que los aficionados son esencialmente irrelevantes. Hubo un tiempo en que los peleadores se ganaban la vida atrayendo audiencias, no repeliéndolas. Pero esos tiempos, al menos en los Estados Unidos, se están yendo rápidamente. La meritocracia en el boxeo ha sido anulada en los últimos 20 o 25 años por nuevas formas de ingeniería social deportiva ideadas por hombres de trajes a la medida que operan desde brillantes oficinas con vista a Bryant Park en Manhattan.</p>
<p>Como patrocinador mal informado del bizarro mito de los mejores libra por libra -tan importante para el mundo real como los manifiestos del Movimiento Raeliano- HBO ha creado un mercado para que, paradójicamente, los peleadores sosos e impopulares florezcan. En 1988 Larry Merchant dijo a la revista <em>KO</em>: “Cuando aparece una buena atracción boxística -ya sea por su estilo, su personalidad o su atractivo étnico- se le conduce por una vía diferente a la de los peleadores que deben ganarse su ascenso a la cima”. Pero qué tal si un boxeador no resulta atractivo? Merece ser subsidiado por quienes se burlan de él?</p>
<p>Menos de un mes después de que Rigondeaux llevara a cabo su fandango enfrente de miles de clientes insatisfechos, Floyd Mayweather, Jr., consiguió sin contratiempos una decisión unánime sobre un superado Robert Guerrero, en Las Vegas, Nevada.</p>
<p>Guerrero fue en algún momento un distinguido peso pluma y un buen superpluma, pero cuando se embarcó en las 147 libras comenzó a verse lento en el ring. Afortunadamente para él se enfrentó a los <em>schlemiels</em> y <em>schlimazels</em> de la división de los welter: el limitado Selcuk Aydin y “El Triángulo Humano de las Bermudas del Boxeo”, Andre Berto. Con su irrisorio currículo, Guerrero ingresó así a la lista A de Mayweather, un club exclusivo para peleadores que no tienen ninguna oportunidad de ganarle. Fue un espectáculo soso por parte de Mayweather pero, al parecer, no lo suficientemente soso como para evitar que algunos lo consideraran una obra maestra.</p>
<p>Un desempeño laboral en contra de un perdedor con posibilidades de 7 ½ a 1 es difícilmente una razón para celebrar, pero dado que la prensa estadounidense se compone de groupies con cara de luna, qué más se puede esperar? Y sin embargo las reseñas fueron variadas, las ventas del Pago por Evento disminuyeron dramáticamente desde su última aparición, un año atrás, y los abucheos conformaron un signficativo <em>soundtrack</em> de la segunda mitad de la pelea.</p>
<p>Pero Mayweather, en contraste con amargos aguafiestas como Rigondeaux, tiene un traje antibalas cuando se trata de su estilo. En qué se diferencia Mayweather de los bostezos que protagonizan los grandes eventos? Para empezar -y a diferencia de Rigondeaux, quien alguna vez tuvo una pelea de campeonato en Estados Unidos transmitida por<em> stream</em>-, Mayweather es una atracción legítima y uno de los atletas mejor pagados del mundo. Y el trabajo de un peleador, tradicionalmente hablando, es generar su propia recompensa a través de una actuación que emocione al espectador.</p>
<p>Cuando a principios de año Showtime alejó a Mayweather de HBO con un pago en forma de paracaídas dorado y un montón de incentivos de trastienda, también se embarcaron en una carnicería de relaciones públicas, que incluyó horas de rodaje documental a fin de mostrar a Mayweather en toda su insensata gloria. Algunos, sin embargo, preferiríamos pasar una tarde con Torquemada antes que mirar <em>Money</em> un minuto más. “Fatiga Mayweather” se convirtió, por algunos nanosegundos al menos, en un slogan pertinente. Y en el ciberespacio, donde el tiempo de atención dura tanto como una palomilla, algunos nanosegundos son un logro formidable. Y aunque a Mayweather no lo sigue una legión de paparazzi de la misma manera en que sguen a Lindsay Lohan o Britney Spears, su irritante personalidad atrae suficientes clics de a centavo de sonrientes webmasters como para justificar la exagerada publicidad.</p>
<p>Ser desagradable en público bajo el disfraz del entretenimiento, es hoy tan americano como el beisbol y los asesinos seriales.</p>
<p>Pero su estrellato, tal y como es, ha sido, en mayor parte,  manufacturado por HBO. Y ahora Showtime se ha ocupado de ello con más entusiasmo, incluso, que Time-Warner.</p>
<p>La mayoría de las compañías son sensibles a la imagen y nunca se asociarían con un personaje tan desagradable como Mayweather. La infidelidad fue suficiente para que Tiger Woods perdiera múltiples patrocinadores, y la marihuana (ahora legal en algunos estados) hizo que las cajas de cereal dejaran de anunciar al olímpico Michael Phelps. Incluso un rapero -Lil Wayne- perdió recientemente un patrocinio con Mountain Dew debido a sus provocativas letras. Pero cuando se trata de boxeo -la gente bajo las estrellas del deporte- el critero corporativo es una ocurrencia tardía. Mayweather se ha convertido no sólo en una suerte de insignia para CBS y Showtime, sino un detonante para la clase de sinergia cínica cuyo único propósito es hacer que los espectadores compren programación extracurricular en forma de carísimos Pagos por Evento. HBO fue pionero de esta técnica devoradora de dinero, al producir programas previos y documentales para anunciar peleas que no serían televisadas en su propia cadena televisiva. Así que de pronto tenemos a Mayweather, puesto en libertad el pasado verano de la cárcel Clark County tras su enémisa disputa doméstica, y objeto de 100 horas de programación especial y apariciones a lo todo lo largo y ancho de Showtime y CBS a fin de promover su pelea con Guerrero. Más perturbador aún, a Mayweather se le permitió ser producir ejecutivamente algunos de los documentales acerca de él, un conflicto de intereses excesivo incluso para el negocio de las peleas. Al final, sin embargo, este bombardeo mediático ha dado a Mayweather un perfil lo suficientemente grande como para justificar su cautela en el ring. Y mientras Mayweather pueda generar 70-100 millones de dólares en compras de pago por evento, entonces su estilo cauteloso no es el punto. Si la oferta y la demanda continúa siendo un modelo económico viable en todo menos en el boxeo, al menos Floyd Mayweather está ahí para corregir este error garrafal: la omnipresencia de peleadores sin presencia.</p>
<p>En cuanto a Mayweather el peleador, estos días sugieren algo que Georges Braque dijo alguna vez de Picasso: “Solía ser un gran artista. Ahora, sólo es un genio.”</p>
<p><em>Carlos Acevedo es editor de <em>The Cruelest Sport</em> y editor en Estados Unidos de <em>Esquina</em>. Ha colaborado en <em>Boxing Digest Magazine</em>, <em>Maxboxing.com</em>, y <em>Boxing World Magazine</em>. Es miembro de la Organización Internacional de Investigación sobre Boxeo y miembro de la Asociación Americana de Escritores de Boxeo. </em></p>
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		<title>Los Pulgares de Dios: No robarás</title>
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		<pubDate>Mon, 13 May 2013 17:49:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodrigo Márquez Tizano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Martin Murray]]></category>
		<category><![CDATA[peso medio]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Martínez]]></category>

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		<description><![CDATA[El 27 de abril a Buenos Aires entera le habían prometido una fiesta inolvidable. No sucedió como se esperaba pero tampoco, desde hacía años, se había hablado tanto de boxeo en Argentina como en esos días.

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				<content:encoded><![CDATA[<div class="imagen-derecha" style="text-align: right;"><img alt="" src="http://esquinaboxeo.com/wp-content/uploads/2013/05/martinez-murray-9.jpg"/>
<div class="caption">Sergio Martínez. Foto: Boxing Scene</div>
</p></div>
<p>Aquí la gente habla de afane. No sólo en la calle o en los cafés: ya al terminar la velada en el Amalfitani un número considerable de periodistas  y escritores levantaban las palmas como reproduciendo la mímica de una rendición ante revólver. En la cancha, luego de que Martínez –decisión al hombro y zurda rota– trepara hasta la tercera cuerda abrigado por la bandera argentina, un ejército de impermeables celestes y amarillos enfilaba con dirección a la calle, sin alzar las manos pero ordenados bajo la tormenta, entre somnolientos e hipnotizados, dudando si el dinero y tiempo invertidos habían cubierto la renta anímica de una parcialidad que cantó, gritó y terminó empapada, más que a causa del aluvión, por una decisión polémica. El 27 de abril a Buenos Aires entera le habían prometido una fiesta inolvidable que se resistió a estallar. Cosas de la lluvia: la última esquina del verano hizo una pausa el mismo sábado que en la cancha de Liniers se congregaron más de 45,000 personas para presenciar la vuelta de Sergio Gabriel <em>Maravilla</em> Martínez a los cuadriláteros argentinos, tras once años de ausencia. </p>
<p>¿El resultado? Martínez aprobó su primer examen como titular absoluto del orbe con suficiente. Estoy convencido. Todo aquel que vio a <em>Maravilla</em> perder aún no puede contestarme si vio a Murray ganar. La actitud de Murray en los dos últimos asaltos no fue la de un número uno. Justo cuando había que apretar, la esquina del inglés decidió que había hecho lo suficiente para merecer una decisión a favor. Yo no me atrevería siquiera a pensar que al campeón del mundo, en su casa, se le puede vencer especulando con valores imaginarios, como un agiotista que colecciona letras bajo su colchón. Pero ése, claro, soy yo. Los amigos de la intriga, sin embargo, hacen lo posible por hacernos saber que son más listos, y que nosotros, pobres ilusos, aún vivimos instalados en el mundo de la fantasía. Eso –engañados– o en el peor de los casos, comparsas viles de un espectáculo montado.</p>
<p>En la zona mixta hay un remolino de flashes y grabadoras a la espera de Maravilla, o más en concreto, de noticias sobre su condición (dice Lekowicz, todo cadenas y lengua de oro: Sergio va camino al hospital, muchachos, no va a ser posible que nos acompañe en la rueda de prensa pero tengan por seguro que peleó con el alma, se dejó la vida ahí arriba, por el país, por el futuro del boxeo en la Argentina). Y entonces comienza el cuchicheo. No viene porque es un cagón, dice uno. Porque sabe que perdió. Tongo. Lo robaron al inglés. Esto se masca por lo bajo, con tal de no herir susceptibilidades: entre algunos suspicaces incluso vive la creencia de que Sergio Martínez –no sólo el personaje público, el comediante de <em>stand-up</em>, el escritor de libros de autoayuda, sino también el hombre que se faja en el ring– se ha convertido en una herramienta oficialista. Y eso, dice un fotógrafo, es justo lo que saben hacer los del gobierno: robar. Más claro ni el agua. Que el boxeo, además de negocio, es política no es un descubrimiento. Lo que si es de llamar la atención es la candidez con la que los detractores quitan intermediarios del camino para convertir al mismo boxeador en urdidor y ejecutante de cierto plan maestro y tenebroso. Algún despistado me pregunta lo que vi y cómo lo vi. Como de un foráneo se espera, al menos, que piense exactamente como la mayoría se imagina debe pensar, es decir, igual a quien pregunta, me convenzo de que la pregunta va con truco. Es una costumbre sana: el extranjero debe confirmar las sospechas del fraude y la maquinación a gran escala si no es que pretende sembrarlas él mismo. Esa es la mínima cortesía que nos debemos entre latinoamericanos. </p>
<p>¿Quedó a deber el combate? Depende cómo se mire. Si nuestro baremo responde a la expectativa creada por el engranaje mediático, al bombardeo de espectaculares, vallas, cortes televisivos y comentarios en programas de opinión, sí, definitivamente. La afición pagó por ver a Martínez campear. Por verlo cumplir su predicción de nocaut en el octavo. Los que compraron entrada para asistir al evento deportivo de la década en Argentina esperaban ver a su boxeador dominar el combate de principio a fin, escapar sonriendo de cualquier gancho y de paso colocarle una felpa antológica al rival. Se infló tanto la velada que no iban a conformarse con menos. Luego, viene una pelea más cerrada: <em>Maravilla</em> no encuentra el ritmo del combate frente a un Murray que no desarma la guardia ni para sentarse en el banquillo entre round y round. La moral se viene abajo. Ojo: la función, desde el momento en que fue concebida para suceder dentro de un estadio de futbol, ya apuntaba al ambiente enrarecido. En la cabecera norte, por ejemplo, la barra de Vélez no paraba de alentar con esos cánticos que lo mismo vienen bien para celebrar un gol que para quebrar una huelga. El aficionado al futbol puede apreciar el buen juego pero sobre todo disfruta de ver ganar a su equipo, y si es por paliza, mejor. Mientras tanto, el aficionado al boxeo espera como mínimo, que las peleas sean igualadas y considera lo contrario como un fallo elemental del promotor. Así las cosas.</p>
<p>Si en lugar de un peleador rocoso, joven y con ambición como Martin Murray, Di Bella hubiese acudido al bulto de turno, lo mismo se hablaría de timo. Algún vivo  dirá que ante un estadio lleno hay que asegurarse de tener enfrente a un taxista tijuanense. Entonces, ¿qué esperamos? ¿Por qué asociamos de modo tan natural al boxeo con el teatro de carpa, como imaginándonos un espectáculo a prueba de imponderables? Ganas no le han de faltar al empresario de cumplir los caprichos de un público como ése. El 20 de febrero del 76, sólo cuatro meses después del brutal combate contra Joe Frazier, Muhammad Alí defendió su cinturón frente a un completo desconocido que respondía al nombre de Jean Pierre Coopman. Por ese entonces, la marca Alí hacía maravillas sin importar el contrincante, así que no había necesidad de exponer de más al campeón, sobre todo luego de lo ocurrido Manila. El belga demostró el porqué de su anonimato y durante cuatro largos rounds ofreció a la concurrencia un espectáculo esperpéntico, indigno de un título mundial de los pesos completos. Esos eran otros tiempos, dirá más de uno. Era otra cosa, funcionaba distinto. Coincido: los de ahora tienen el cinismo de venderlo en Pago por Evento.</p>
<p>Si algo tiene que agradecer a Martínez el público argentino, no es que haya elegido a un rival de categoría, porque cualquier boxeador que se precie de serlo tendría que actuar del mismo modo. Estamos tan acostumbrados a lo contrario que la regla nos parece ya un gesto señorial. Tampoco que haya dado una buena pelea o que haya roto algún récord de taquilla: hace mucho tiempo que en Argentina no se hablaba tanto de boxeo. Y si los planes a futuro de Martínez llegan a cumplirse, bien parece que seguiremos escuchando también nosotros mucha charla desde el sur.</p>
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		<title>The Ugly American: Floyd Mayweather, Jr., and the Absence of Presence</title>
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		<pubDate>Mon, 13 May 2013 17:21:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Acevedo</dc:creator>
				<category><![CDATA[English]]></category>
		<category><![CDATA[Floyd Mayweather]]></category>
		<category><![CDATA[peso welter]]></category>
		<category><![CDATA[Robert Guerrero]]></category>

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		<description><![CDATA[With this paltry resume, Guerrero entered the Mayweather A-list, an exclusive club for fighters who have no chance of winning. It was a dull showing from Mayweather but, apparently, not dull enough to keep some from calling it a masterpiece. ]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="imagen-derecha" style="text-align: right;"><img alt="" src="http://esquinaboxeo.com/wp-content/uploads/2013/05/mayweather-fight-photo-4_3_rx383_c540x380.jpg"/>
<div class="caption">Robert Guerrero y Floyd Mayweather</div>
</p></div>
<p><center>***</center></p>
<p>Last month Guillermo Rigondeaux outboxed Nonito Donaire over 12 appallingly dull rounds on HBO. He fought with all the caution of a man defusing a time bomb, and lustful boos filled Radio City Music Hall like sad balloons. But no sooner were the jeers mere echoes than a few of the illustrious boxing <em>illiterati</em> began comparing Guillermo Rigondeaux with Willie Pep. Ah, history talk from the historically challenged.<br />
Willie Pep once set an attendance record at Madison Square Garden. Willie Pep fought in baseball stadiums. Willie Pep drew “ooohhhs” and “aaaahs,” not boos and blahs. The Orange Bowl, Madison Square Garden, Chicago Stadium, the Kiel Auditorium, Boston Garden, the Polo Grounds, and Yankee Stadium are just a few of the places where Pep plied his trade. </p>
<p>The only time Rigondeaux, who once drew 375 fans to a title fight, will ever perform in a baseball stadium is if he gets to throw out the ceremonial pitch before a Florida Marlins game. Here we have yet another fighter—Rigondeaux—who is intuitively aware of the fact that the public is not paying his salary. Naturally, he feels comfortable heckling the critics with tickets and telling Max Kellerman in a post-fight interview that the fans are essentially irrelevant. There was a time when fighters earned a living by attracting audiences, not repelling them.  But that era, in the United States, at least, is fading fast. Meritocracy in boxing has been overturned over the last 20-25 years by a new form of sports social engineering contrived by men in bespoke suits operating from gleaming offices overlooking Bryant Park in Mid-town Manhattan. As misguided patrons of the bizarre pound-for-pound mythos—as important to the real world as the manifestos of the Raelian Movement are—HBO has created a market for dull and unpopular fighters to, paradoxically, flourish. Larry Merchant once told KO Magazine in 1988: “Whenever there has been a good boxing draw—whether it’s because of his style, personality, ethnic appeal—he’s put on a different track from the fighters who have to earn their way to the top.” But what if a boxer is not a good draw? Does he deserve to be subsidized by those likely to sneer at him? </p>
<p>Less than a month after Rigondeaux performed his fandango in front of disgruntled thousands, Floyd Mayweather, Jr., scored an uneventful unanimous decision over an outclassed Robert Guerrero in Las Vegas, Nevada. Guerrero was once a fine featherweight and a good junior lightweight and lightweight, but when he embarked on his career at 147 pounds, he began to look sluggish in the ring. Luckily for him, he got to face the schlemiels and schlimazels of the welterweight class: limited Selcuk Aydin and “The Human Bermuda Triangle of Boxing,” Andre Berto. With this paltry resume, Guerrero entered the Mayweather A-list, an exclusive club for fighters who have no chance of winning. It was a dull showing from Mayweather but, apparently, not dull enough to keep some from calling it a masterpiece. A workmanlike performance against a 7 ½ to 1 longshot is hardly cause for celebration, it seems, but since the American press is comprised almost solely of moonfaced groupies, what can you expect?  Still, the reviews were mixed, pay-per-view buys were down dramatically from his last appearance, a year ago, and catcalls provided a telling soundtrack over the last half of the fight. </p>
<p>But Mayweather, in contrast to sour spoilers like Rigondeaux, is nearly critique-proof when it comes to his style. How does Mayweather differ from some of the yawners who headline major events? To begin with, unlike Rigondeaux, who once had a title fight aired in the United States on an internet stream, Mayweather is a legitimate attraction and one of the highest-paid athletes in the world. And the job of a prizefighter, traditionally, is to generate his own recompense by performing in such a way as to move the spectator.</p>
<p>When Showtime lured Mayweather away from HBO earlier this year with a Golden Parachute payout and a slew of backroom incentives, they also went on a PR onslaught, one that included hours of documentary-style footage, showing Mayweather in all his witless glory. Some of us, however, would rather spend an afternoon with Torquemada than watch “Money” for another minute, and “Mayweather Fatigue” became, for a few nanoseconds, anyway, a determined catch phrase. In the cyber world, where the average attention span is as long as the life of a mayfly, a few nanoseconds is an impressive feat. Although Mayweather is not followed by a platoon of paparazzi the way Lindsay Lohan or Britney Spears are, his grating persona attracts enough internet penny-clicks for grinning webmasters all over the boxing world to justify overkill exposure. Being nasty in public, under the guise of entertainment, is now as American as baseball and serial killers. But his stardom, such as it is, has been manufactured largely by HBO over the years. Now Showtime has taken over that role with even more enthusiasm than Time-Warner.  </p>
<p>Most companies are image-conscious and would never associate so closely with a character as unsavory as Mayweather. Infidelity was enough for Tiger Woods to lose multiple sponsors, and marijuana (now legal in some states) jettisoned Olympian Michael Phelps from cereal boxes. Even a rapper—Lil Wayne—recently lost an endorsement deal with Mountain Dew for inflammatory lyrics. But when it comes to boxing—the people under the stairs of sports—corporate slumming is merely an afterthought. Not only has Mayweather become a flagship of sorts for CBS and Showtime, but he has also become a flashpoint for the kind of cynical synergy galvanized for one purpose only: to get viewers to purchase extracurricular programming in the form of expensive pay-per-views. HBO pioneered this money-grab technique, producing countdown shows and documentaries to advertise fights that would not be aired on their own network. So there was Mayweather, released from the Clark County Jail last summer after his umpteenth domestic dispute, the object of 100 hours of special programming and appearances spread across Showtime and CBS to promote his fight against Guerrero. More disturbing, Mayweather was allowed to executive-produce some of the documentaries about him, a conflict of interest outrageous even for the fight racket. In the end, however, this media blitz has given Mayweather a profile big enough to justify his caution in the ring. As long as Mayweather can generate $70-100 million on pay-per-view buys alone, then his cautious style is beside the point. If supply and demand remains a viable economic model everywhere but in boxing, at least Floyd Mayweather is there to correct a blunder—the omnipresence of fighters without presence—as wide as the Palo Duro Canyon. </p>
<p>As for Mayweather the fighter, these days he suggests something Georges Braque once said about Picasso: “He used to be a great artist. Now, he is just a genius.” </p>
<p><em>Carlos Acevedo is the editor of <em>The Cruelest Sport</em> and the American editor of <em>Esquina</em>. His work has appeared in <em>Boxing Digest Magazine</em>, <em>Maxboxing.com</em>, and <em>Boxing World Magazine</em>. He is a member of the International Boxing Research Organization and a full member of the Boxing Writers Association of America. </em></p>
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		<title>Abner Mares vs. Daniel Ponce de León</title>
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		<pubDate>Tue, 07 May 2013 17:58:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodrigo Castillo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Abner Mares]]></category>
		<category><![CDATA[CMB]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel POnce de León]]></category>
		<category><![CDATA[peso pluma]]></category>
		<category><![CDATA[San Antonio]]></category>

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		<description><![CDATA[Con su victoria sobre Daniel Ponce de León, Abner Mares ratifica su lugar como uno de los mejores peleadores del mundo y se convierte en campéon en tres divisiones distintas. ]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="imagen-derecha" style="text-align: right;"><img alt="" src="http://esquinaboxeo.com/wp-content/uploads/2013/05/abner_mares1.jpg"/>
<div class="caption">Abner Mares, campeón en tres divisiones distintas</div>
</p></div>
<p>Los pronósticos del Golden Boy no fallaron. Este sábado 4 de mayo, la pelea estelar en el MGM Grand de Las Vegas, Nevada, fue suspiros de aburrimiento. El boxeo puede contemplarse desde muchas perspectivas, y en ellas, aunque el mejor libra por libra dé enormes clases de boxeo, la agresividad tiende a ser un elemento sustancial para no dormir al aficionado, al menos en el intento. Floyd Mayweather Jr. y Robert Guerrero leyeron el guión de dos personajes más suspendidos y ensimismados en una obra sobre el eterno retorno, que en una pelea estelar. No así Daniel Ponce de León (44-5-35 KO) y Abner Mares (26-0-1-14 KO). Si Mares hubiese tenido la oportunidad de pelear en supergallo contra Nonito Donaire, lo que hoy se escribe sobre él sería muy distinto. Puede verse reflejado <a href="http://www.tbrb.org/p4p/">en el 4P4 del Transnational Boxing Records:</a> Donaire se encuentra en el décimo puesto, mientras que Mares —quien tuvo que subir a peso pluma para arrebatarle el cinturón de la categoría del CMB a Ponce de León— hoy se afinca en el octavo peldaño, ¡y arriba de Guillermo Rigondeaux!</p>
<p>¿Qué pasó este sábado 4 de mayo en el encordado? Ritmo y estilo fueron dos recursos que marcaron la pelea. Por un lado, la velocidad y exactitud de las combinaciones de Mares, y por otro, las explosiones de Ponce de León, hiladas de ese fuerte impulso de ir al frente, segado por la adrenalina. Mucho más “intelectual” Mares impuso una estrategia sobre el encordado en la que Ponce de León no menguó en ir en su búsqueda, como si se tratara de rendirle cuentas al aspirante. Esto lo aprovechó de la mejor manera el tapatío, quien desde el primer episodio mostró que su técnica y elegancia darían a la pelea momentos de contemplación estética. Para el segundo episodio, ya más sueltos los peleadores, en los últimos segundos del round, con una izquierda al mentón y seguido de una derecha, Mares sentó a un Ponce de León desconcertado: la pegada de Mares ya no es la de un gallo. Los siguientes rounds, tercero y cuarto, Abner continuó con lo visto en los primeros episodios, técnica y paciencia. A partir del quinto, la pelea dio un giro: Ponce de León comenzó a meter más presión a Abner, quien retrocedió debido a los fuertes impactos que el Tarahumara le asestaba.</p>
<p>Por un momento se pensó que la pelea podría dar una vuelta de tuerca irreparable para Mares: Ponce de León no sólo logró lastimar a Abner con esa mano izquierda poderosa y puntual, sino que del sexto al octavo rounds propuso una pelea por completo distinta a lo que se vio en sus primeros episodios. Algunos vieron que la pelea “se igualó”; quizá no haya sido del todo un balance, puesto que el Tarahumara, a pesar de haber descifrado el boxeo de Mares, no logró entender la versatilidad del tapatío, quien modificaba la estrategia para sus aguas, movía la cintura, sabía que las condiciones para vencer a Ponce de León estaban dadas. No pasó mucho tiempo para que en el noveno esta estrategia aplicada con fintas pusiera una derecha fuerte y veloz sobre la quijada de Ponce de León. Empezó el conteo de protección, y el Tarahumara ya reincorporado se fue hacia las cuerdas tras el apabullante despliegue ofensivo de Mares, con combinaciones que impactaban en el rostro de un Ponce de León noqueado de pie. Lo demás viene como un síntoma de lo sucedido: que la pelea haya sido detenida en el noveno por Jay Nady, me parece, tiene que ver más con un asunto de protección al peleador que de intereses a favor de Mares, como recién se especula en los foros. Nady vio en malas condiciones a Ponce de León, y de inmediato decidió detener la pelea.</p>
<p>A Abner se lo ve bien en la categoría de las 126 libras, su potencia y velocidad, además de su infinita paciencia, lo hacen un peleador inteligente capaz de descifrar el estilo de peleadores tozudos, como Daniel Ponce de León. Hoy está dentro de los campeones, invicto, compartiendo junto con Julio César Chávez, Érik Morales, Marco Antonio Barrera y Juan Manuel Márquez, tres títulos en tres divisiones distintas, lo que a sus veintisiete años de edad le vislumbra un panorama épico.</p>
<p><a href="http://esquinaboxeo.com/escena/la-hora-del-guerrero">Lee también: &#8220;La hora del guerrero. Entrevista con Abvner Mares&#8221;.</a></p>
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		<title>And still&#8230; Campeones y retadores</title>
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		<pubDate>Thu, 02 May 2013 03:52:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mauricio Salvador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Amir Khan]]></category>
		<category><![CDATA[Danny García]]></category>
		<category><![CDATA[Julio Díaz]]></category>
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		<category><![CDATA[Sergio Martínez]]></category>
		<category><![CDATA[Zab Judah]]></category>

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		<description><![CDATA[El sábado 27 de abril campeones y retadores se subieron a esta balanza de incertidumbres a habitar tres narrativas comunes del deporte: la promesa incuumplida, el peleador puesto en duda y el campeón que decae.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Son pocas las certezas del boxeo. Como sea que uno quiera verlo, cual sea el criterio al que uno se ajuste, la certeza indiscutible de este deporte -la prueba contundente de triunfo y derrota- es el nocaut, el aniquilamiento total del oponente. Fuera de esa innegable realidad, perder o ganar son conceptos que con frecuencia se tornan más elásticos de lo que uno pensaría. Como en todos los deportes, en ciertos casos perder puede significar ganar, debido a una conversión emocional en la que conceptos como &#8220;honor&#8221;, &#8220;valentía&#8221; o &#8220;coraje&#8221; se convierten en divisas al alza que el perdedor bien puede capitalizar en su siguiente pelea.</p>
<p>Pero como muy pocos deportes -los deportes de apreciación, quiero decir-, en el boxeo existe un momento al final de toda acción y consideración, en el que tres personas ajenas a lo que ha sucedido en el ring -ajenas al sudor, la sangre y el dolor- ofrecen su opinión definitoria sobre lo que el público acaba de ver. Cual quiera que sea el resultado, es casi siempre el ganador el que debe encontrar una narrativa que de algún modo se ajuste a la versión recientemente emitida. Si la victoria es universalmente legítima nadie tendrá problema; si no lo es uno puede prepararse para atestiguar cómo el país de las maravillas ocupa mágicamente el centro del ring. </p>
<p>El sábado 27 de abril campeones y retadores se subieron a esta balanza de incertidumbres a habitar tres narrativas comunes del deporte: la promesa incumplida, el peleador puesto en duda y el campeón que decae. En sus peleas Amir Khan, Zab Judah y Sergio Martínez ofrecieron un espectáculo que no era el que se esperaba, convirtiendo las certezas de los pundits en dudas, un concepto más adecuado para personas que trafican con sus cuerpos.</p>
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<div class="imagen-derecha" style="text-align: right;"><img alt="" src="http://esquinaboxeo.com/wp-content/uploads/2013/05/khan_diaz.jpg"/>
<div class="caption">Julio Díaz y Amir Khan</div>
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<p>Haber sido medallista olímpico es casi siempre una buena carta de presentación. Pero son contados los peleadores que han creado expectativas a la altura de las que creó el ascenso al profesionalismo de Amir Khan. Se trataba de un talento natural al que había que sumarle atractivo, elegancia hipnótica y que traía a la mente el recuerdo de uno de los boxeadores británicos más emocionantes, el incomparable Naseem Hamed. </p>
<p>Fueron sus especiales atributos (en particular su increíble velocidad) los que hicieron creer a su entrenador Jorge Rubio que una pelea contra el golpeador Breidis Prescott sería un obstáculo que Khan pasaría sin problemas. No fue así. En <a href="http://www.youtube.com/watch?v=shUqYIkMXu0">54 segundos Prescott</a> sentó un precedente que definiría la carrera de Amir Khan. Cierto, dijeron sus apologistas, todo peleador es noqueable si se le golpea en el punto y momento correcto, y muchos peleadores han logrado ejercer un dominio total después de devastadoras derrotas por nocaut. No juzgar a Khan por esa pelea, era el ruego. Pero desde entonces Khan ha ofrecido a los aficionados drama y emoción precisamente por sus inperfecciones como peleador, por la peligrosa combinación de velocidad y talento natural con una fragilidad impropia de un peleador de élite. Durante un tiempo -e incluso a pesar de la derrota contra Prescott- en el campo de Khan podían mencionarse como posibles rivale los nombres de los más grandes: Mayweather, Pacquiao, Barrera, Morales, Márquez. Pero fueron los Prescott, los Maidana, los Peterson y los García los que lo colocaron en su lugar. Y el guión casi siempre fue el mismo, su habilidad dominante en los primeros rounds y tras uno o dos golpes bien dados la traición de su fragilidad. </p>
<p>El sábado 27, en la Arena Motorpoint de Sheffield, Inglaterra, Amir Khan necesitaba vencer convincentemente al mexicano Julio Díaz pues una victoria sólida haría posible una revancha contra Danny García. Julio Díaz servía muy bien para este propósito: un peleador sólido, ex campeón del mundo, con experiencia pero limitado en aspectos técnicos y muy lejos de empatar la velocidad del británico. Khan dominó a Díaz hasta que en el cuarto round el mexicano terminó un intercambio con un gancho izquierdo que mandó a la lona a un vulnerable Khan. Amir logró ponerse de pie y sobrevivir el round y ganar la pelea (con las tarjetas 115-113, 115-112 y 114-113) pero tras verlo caer una vez más el beneficio de la duda se esfumó. Khan siempre será Khan, ese Khan vulnerable e incluso frágil, con una sorprendente resistencia y habilidad pero lejos de ese mundo de élite donde las pruebas que hay que superar son más duras aún, más grotescas y dolorosas. Khan es fascinante porque cuando camina sobre el ring lo hace sobre la cuerda floja y uno nunca ve más confundidas sus certezas que cuando un hombre se atreve a intentar semejante desafío. Pero si a este nivel -el nivel de un veterano como Julio Díaz- Khan vuelve a provocar dudas, ¿qué sucederá cuando suba a querer probarse con la élite de la élite?</p>
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<div class="imagen-derecha" style="text-align: right;"><img alt="" src="http://esquinaboxeo.com/wp-content/uploads/2013/04/mtz_murray.jpg"/>
<div class="caption">Sergio Martínez y Martin Murray</div>
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<p>Más tarde, el estadio Vélez Sarsfield se llenó con 50 mil aficionados que acudieron a ser testigos del regreso de Sergio Martínez a la Argentina. La historia de Maravilla es de verdad la historia del hijo pródigo, se fue casi huérfano y regresó campeón absoluto. Pero no sólo para Maravilla era importante. En esta trama participaron activamente la presidencia kirchnerista, la petrolera YPF y otros grandes patrocinadores. Como se viera era una noche histórica y lo único que se pedía era que Sergio Martínez permaneciera joven una noche más cuando enfrentara a Martin Murray, cuyas únicas credenciales eran un empate con el alguna vez rankeado Felix Sturm. </p>
<p>Para desgracia de Martínez esa noche envejeció. Cierto, contra Macklin y Chávez había mostrado hendiduras (algunas terroríficas, como el round 12 contra Chávez) pero ninguna tan grave como para que la gente dejara de considerarlo el mejor peso medio del mundo. Contra Murray sucedió eso. Fuera de la controversia que provocó el resultado de su pelea, lo que quedó claro es que Martínez ha dejado de ser el invencible peso medio que durante años navegó codo con codo con los mejores peleadores del mundo. Se necesitaba que permaneciera joven una noche más, para gloria de él y de Argentina, pero el retador, Murray, se encargó de recordarle su edad. </p>
<p>Martínez, es difícil negarlo, peleaba por la grandeza que durante mucho tiempo se le ha negado en la taquilla y en los ránkings. Y he aquí que cuando llegó el momento de encontrarla bajo la mirada fascinada de sus compatriotas, Martínez envejeció. No hay deshonor en ello. Simplemente fue así y cada quien hizo lo mej</p>
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<div class="imagen-derecha" style="text-align: right;"><img alt="" src="http://esquinaboxeo.com/wp-content/uploads/2013/05/judah_garcia.jpg"/>
<div class="caption">Zab Judah y Danny Garcia.</div>
</p></div>
<p>Zab Judah, por el contrario, sabía bien su edad. Y el sábado 27 no subió al ring para alcanzar la grandeza, subió para asegurar una buena paga más y quizá una nueva pelea. </p>
<p>En la última conferencia de prensa Judah recordó a los presentes un curioso dato: &#8220;Tengo más nocauts que él peleas,&#8221; dijo. De hecho, antes de que Danny Garcia se convirtiera en profesional Judah ya había peleado contra Kostya Tszyu, DeMarcus Corley, Carlos Baldomir, Miguel Cotto y Floyd Mayweather. Diecisiete años de carrera y experiencia fue lo que puso en la mesa de apuestas. Del otro lado Garcia puso su juventud, su poder y sus victorias sobre Nate Campbell, Kendall Holt, Erik Morales y Amir Khan.</p>
<p>¿Y quién puede culpar a los aficionados y los pundits que no le dieron esperanza a Judah? Ya había quedado corto en otras ocasiones. Y además Danny Garcia llevaba al ring, si no una técnica depurada, sí poder real y un buen entendimiento de cómo lidiar con la velocidad. Y Zab ya había sido noqueado por un puncheador al que superaba en velocidad, Kostya Tszyu, en 2001, cuando Garcia tenía 13 años. </p>
<p>Así que el guión parecía escrito. </p>
<p>Después de sobrevivir en los rounds cinco y seis, Judah fue a la lona cuando en el octavo Garcia contragolpeó con un recto de derecha que lo encontró justo en la barbilla. Parecía el principio del fin. Sin embargo algo debió suceder en la mente de Judah. Quizá saber que se encontraba ante su público, en Brooklyn, porque a partir del noveno comenzó no a boxear y defenderse sino a atacar, incluso a lastimar al campeón. Un poco más de atrevimiento y en estos momentos alabaríamos a Judah como la octava maravilla más longeva del mundo. Atacó, lastimó visiblemente a García en el onceavo y ganó el último round. Sin embargo fue insuficiente. Las tarjetas beneficiaron a García: 115-112, 114-112 y 116-111. </p>
<p>Lo que redimió a Judah fue ese abrazo final que ofreció a quien días antes era más que su némesis. Y la lucha que durante tres o cuatro rounds ofreció a los asistentes al Barclays Center. Para un Zab que en momentos importantes ha quedado corto, haber peleado cuando la adversidad lo llevaba una vez más contra las cuerdas, tiene más sabor a victoria que derrota. </p>
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		<title>Mañana en la batalla: Saúl Álvarez vs. Austin Trout</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 19:04:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mauricio Salvador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>

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		<description><![CDATA[En las 154 libras Austin Trout fue un oponente tan legítimo como cualquier otro en el que pueda pensarse. ¿Es hora de dar a Canelo crédito por su victoria o se le seguirá negando? ]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="imagen-derecha" style="text-align: right;"><img alt="" src="http://esquinaboxeo.com/wp-content/uploads/2013/04/canelotrout1.jpg" />
<div class="caption">Saúl Álvarez y Austin Trout. Imagen: Pepe Rodríguez</div>
</p></div>
<p>Ante casi 40 mil personas reunidas en el Alamodome, de San Antonio, Saúl <em>Canelo</em> Álvarez venció por decisión unánime a Austin <em>No Doubt</em> Trout con las tarjetas 115-112, 116-111 y 118-109. </p>
<p>Que tal cantidad de personas acudieran a presenciar una pelea de boxeo es digno de atención. Que lo hicieran mayormente para ver pelear a un chico de 22 años es ya sobresaliente. Pero si alguien hubiera convocado a llenar otro estadio con 40 mil detractores de Canelo Álvarez, no habría sido muy difícil encontrarlos. Así como 40 mil lo querían ver ganar, otros tantos lo querían ver expuesto como un &#8220;fraude&#8221;, como una &#8220;creación mercadotécnica&#8221;. </p>
<blockquote><p>Round 1. Zurdo contra derecho. Austin Trout salió a boxear detrás del jab. Quizá no lo conectaba pero gracias a él mantenía en la mira a Canelo y le negaba la distancia. Álvarez, por su parte, movía la cintura y la cabeza y caminaba a la izquierda, como alejándose de la izquierda de Trout, buena pero no precisamente letal. </p></blockquote>
<p>Matthew Hatton, Ryan Rhodes, Alfonso Gómez, Kermit Cintron. 2011 fue un año activo para Canelo. Welters que subieron para retarlo y caer vencidos, abrumados no sólo por su presencia física sino por una rara cualidad en un peleador joven: paciencia.</p>
<blockquote><p>Round 2. Ocupado con el jab, Canelo decidió ir al cuerpo y usar el upper, conectando a Trout en diversas ocasiones. Incluso lanzó el recto de derecha por encima del jab que derribaría a Trout en el séptimo round. Había un plan, por ambos lados. </p></blockquote>
<p>Tras sus victorias sobre Gómez y Cintron, 2012 quiso ser el punto de quiebre, el año en que Canelo alcanzaría las alturas. Si ya había derrotado a welters que iban en bajada por qué no a un Shane Mosley al punto del retiro? En la cartelera de Floyd Mayweather vs. Miguel Cotto, Saúl Álvarez se encargó de recordarle a Sugar que era 19 años más joven y que, para decirlo como es, la pelea era casi absurda. Mosley sobrevivió, porque siempre ha sobrevivido, pero tras la pelea optó por el retiro.</p>
<blockquote><p>Round 3. Canelo dejó de moverse a la izquierda y el efecto fue que ambos peleadores se estacionaran en el centro del ring y propiciaran un intercambio más audaz, por así llamarlo. Fue round para Trout o para Canelo? </p></blockquote>
<p>Tras Mosley quedaba septiembre de 2012, el día de la independencia de México con su carga simbólica y sus millones de dólares. ¿Oponentes? había varios nombres legítimos: Paul Williams, James Kirkland, Victor Ortiz, Carlos Molina, Vanes Martyriosan, Miguel Cotto, incluso el mismo Mayweather, </p>
<blockquote><p>Round 4. Pasar el jab de Trout no era una empresa fácil para Canelo. Pero para Trout lanzar una combinación después de su jab parecía demasiado peligroso. Por qué arriesgarse? pensaban en su esquina. Jab, jab jab. Sin embargo el jab más duro fue el de Canelo, que no lanzaba golpes para medir sino para lastimar.</p></blockquote>
<p>Paul Williams, James Kirkland y Victor Ortiz. Todos, en su momento, pudieron ser oponentes legítimos de Saúl Álvarez. No lo fueron. En la prensa algunos bautizaron esta racha de mala suerte como &#8220;La Maldición del Canelo&#8221;. Para Canelo fue una mala racha para sus negocios. Para sus descartados oponentes fue algo mucho peor que mala suerte. </p>
<blockquote><p>Round 5. Al quinto round realmente había que definir un criterio. El volumen de jabs y el manejo del ring de Trout o el poder y la presión constante de Canelo? Con rounds tan cerrados hablar de robo es realmente optar por el atajo más fácil para los convencidos de una tesis u otra.</p></blockquote>
<p>El domingo 27 de Mayo de 2012, Paul Williams se dirigía a la boda de su hermano en Georgia. Iba en moto a casi 115 kilómetros por hora. Al intentar evadir un auto perdió el control de la moto y fue lanzado a 18 metros de distancia. El accidente le provocó serias lesiones en la espina dorsal. Quizá dentro de un año o dos, han dicho los doctores, podrá volver a tener sensación de la cintura para abajo. Se preparaba para pelear con Canelo el 15 de septiembre. </p>
<blockquote><p>Round 6. ¿Por qué intercambiar golpes ¿A diferencia de los rounds anteriores Trout se plantó para intercambiar con Canelo. Una muy mala idea. Durante medio round lo hicieron y el poder de Álvarez pareció llevarse la mejor parte pero el resto del round se quedó sin aire y permitió incluso que Trout le cortara el ring y lo llevara a las cuerdas en un par de ocasiones. Quién gana un round así? Quien comienza bien o quien acaba muy bien?</p></blockquote>
<p>James Kirkland era sí un superwelter natural, con una interesante experiencia como amateur. Cuando comenzó su preparación resurgió una lesión en el hombro. Y en tal estado Kirkland razonó: ¿Es suficiente el millón de dólares por enfrentarme contra Canelo con un hombro lastimado? Canelo recibió noticias de sus promotores de que la pelea no se haría, tampoco. </p>
<blockquote><p>Round 7. Una prueba de que el jab de Trout era más efectivo de lo que parecía fue que tras caer en los primeros segundos del round 7 por un recto de derecha que supero su jab, pudo sobrevivir el round e incluso contratacar. Canelo volvió a quedarse sin aire y el resto del round no pudo atraparlo y lograr el nocaut. ¿Se quedó sin aire o fue paciente? No obstante fue la primera caída de Trout en toda su carrera.</p></blockquote>
<p>Víctor Ortiz, peso welter, parecía una buena prueba, al menos mejor que la que en su momento representaron peleadores welter como Cintron o Alfonso Gómez. Su enfrentamiento contra Josesito López era puro trámite pero éste pronto se convirtió en pesadilla cuando Ortiz, con la mandíbula rota y la boca llena de sangre, le dijo al réferi que no podía continuar: &#8220;No puedo, mi mandíbula está rota,&#8221; dijo. Desde ringside Canelo miraba estupefacto cómo su pelea con Ortiz se iba al carajo. </p>
<blockquote><p>Round 8. ¿Quien diría que tras tirar su oponente en el round anterior Canelo pasaría el siguiente round en completa retirada? Sí, mostrando buen movimiento de cabeza y sin embargo en retirada, incluso contra las cuerdas. Al acabar el round se anunciaron las tarjetas de ocho rounds: 80-71, 78-73 y 76-75, todas a favor de Canelo. La primera tarjeta estaba viendo una pelea inexistente. Matemáticamente Trout sólo podía ganar con un nocaut.</p></blockquote>
<p>Con Williams, Kirkland y Ortiz fuera, las opciones para Canelo se redujeron. Tras su victoria sobre Ortiz, Josesito López dijo que se había ganado la pelea con Canelo. &#8220;Canelo no es invencible,&#8221; dijo y entonces la pelea se llevó a cabo el 15 de septiembre de 2012. Josesito López fue a la lona tres veces antes de que un compasivo Joe Cortez detuviera la pelea. Haber peleado contra un oponente físicamente muy inferior no le atrajo ninguna buena crítica a Canelo. </p>
<blockquote><p>9. Un concierto de derechas al cuerpo y la cabeza de Trout a pesar del incansable jab de éste. Aquí volvía a aplicar tu criterio. Los golpes de poder de Canelo o el volumen de jabs y dominio del ring de Trout? </p></blockquote>
<p>Así que en las 154 libras quedaban algunos nombres pero dado el estado de los negocios sólo una opción lógica: Miguel Cotto. Sí, un Miguel post-Margarito, pero que dio buena pelea al mejor peleador libra por libra: Floyd Mayweather. Por qué no? Habría sido una pelea con muchos millones de dólares. Y para que se llevara a cabo Cotto sólo tenía que vencer a Trout.</p>
<blockquote><p>10. Trout se comportó más agresivo. Tenía que hacerlo. Y a pesar de que Canelo conectó en un par de ocasiones fue la presión de Trout la que dominó el round. (Hubo momentos en varios rounds en que Canelo parecía concentrarse tanto en sus movimientos defensivos que su ofensiva lucía hasta cierto punto previsible. Pero eso puede ser también un indicativo de que Canelo evoluciona hacia un contragolpeador puncheador, una combinación realmente peligrosa.)
</p></blockquote>
<p>El 1 de diembre de 2012, en el Madison Square Garden, Austin Trout venció a Miguel Cotto frustrando los planes de una megapelea con Canelo. Más aún, en aquella pelea Trout recibió el favor que contra Canelo le negaron los jueces, unas amplias tarjetas según las cuales su dominio sobre Cotto habría sido aún mayor que el de Mayweather: 117-111, 117-111 y 119-109. Molesto, Miguel Cotto abandonó el ring sin decir palabra. </p>
<blockquote><p>11. Paulie Malignani tenía razón: &#8220;De acuerdo con las tarjetas oficiales Trout necesitaría un nocaut para ganar. Lo perturbador de ese hecho es que Canelo no ha estado nada cerca de estar lastimado&#8221;. Trout conectó pero sin mucho poder. Lanzó su jab, para mantener alejado a su oponente. Y Canelo conectó (en especial con un jab que hizo tambalear a Trout) y lo hacía con poder. Pero las manos las tenía más abajo de lo recomendable. Al llegar a su esquina estiró los brazos hacia el piso, en señal de que el cansancio lo consumía, tal y como había advertido la esquina de Trout.</p></blockquote>
<p>Pero fuera del escándalo de las tarjetas la victoria de Austin Trout sobre Miguel Cotto fue real. He aquí que en las 154 libras se asentaba un peleador joven, de calidad, hambriento. No nos engañemos, en la división de las 154 libras Austin Trout fue un oponente tan legítimo como el mejor. </p>
<blockquote><p> 12. Ante la inminencia de su derrota matemática Trout lanzó en el doceavo su mano izquierda como no lo había hecho en ninguno de los rounds anteriores. Más bien defensivo Canelo ocupó el ring para alejarse y lanzar de vez en vez una derecha. Sin nocaut, Canelo ganó por su poder, especialmente, por lastimar a su oponente, por hacerlo fallar. &#8220;Ganó el mejor hombre&#8221;, dijo Trout.  Por qué no creerle?</p></blockquote>
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		<title>Las decisiones entregadas: Cristian Mijares vs. Víctor Terrazas</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 04:41:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Luis Miguel Estrada O.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Arena Ciudad de México]]></category>
		<category><![CDATA[Cristian Mijares]]></category>
		<category><![CDATA[supergallo]]></category>
		<category><![CDATA[Víctor Terrazas]]></category>

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		<description><![CDATA[En el boxeo profesional no existe tal cosa como anotar un tanto. La resolución de un combate que llega a la distancia se llama “decisión”, el ejercicio de las voluntades frente a las opciones.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="imagen-derecha" style="text-align: right;"><img alt="" src="http://esquinaboxeo.com/wp-content/uploads/2013/04/VIKINGO-terrazas-WBC-SILVER1.jpg" />
<div class="caption">Una dura victoria para el Vikingo Terrazas</div>
</div>
<p>En pocos deportes como en el boxeo la apreciación de la gente bajo el ring surte un efecto tan sujeto a discusión en los resultados oficiales. En el boxeo profesional no existe tal cosa como anotar un tanto. La resolución de un combate que llega a la distancia se llama “decisión”, el ejercicio de las voluntades frente a las opciones.</p>
<p>Lo sabe Cristian Mijares tras perder contra Víctor Terrazas en pelea por el título vacante super gallo de la CMB. El alegre y prolongado cañoneo complicó la velada a los aficionados que gustan de llevar su cuenta de tarjetas. La precisión a la distancia favoreció en buena parte a Terrazas, que lastimó con jabs y rectos de derecha. La potencia en el terreno corto, en cambio, casi siempre estuvo a favor de Mijares, excampeón supermosca zurdo que conoce el fuego del combate violentísimo. Lo que Terrazas ganaba con precisión, Mijares equilibraba con poder cortando la cara de su rival. La pelea, que Terrazas inició con ventaja en estrategia, a partir del quinto round es una plomada oscilando entre estallidos.</p>
<p>La libra para la balanza parecía en la mano de Mijares en el round 12. Tras un ataque iniciado por un upper derecho, una izquierda del lagunero mandó a Terrazas a la lona. Pero Mijares parecía esperar una pelea a 15 rounds y no hizo por definir un combate que sabía con desventaja en puntos desde el 8. Leer tarjetas oficiales cada cuatro rounds pretende evitar sorpresas a público y peleadores. No fue el caso, pues Mijares ha quedado descontento por la decisión dividida. Una revancha tendría la consigna del KO. Mijares no dejará que otros decidan la victoria.</p>
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		<title>El más grande de la comarca</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Apr 2013 05:46:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patrick Corcoran</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Escena Actual]]></category>
		<category><![CDATA[Cristian Mijares]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Arce]]></category>
		<category><![CDATA[Torreón]]></category>
		<category><![CDATA[Vic Darchynian]]></category>

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		<description><![CDATA[No fue el primero de la Comarca Lagunera, pero sí el que más éxitos ha cosechado. Cristian Mijares ha sido, sin duda, el mas grande la Comarca.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="imagen-derecha" style="text-align: right;"><img alt="" src="http://esquinaboxeo.com/wp-content/uploads/2013/04/Mijares1.jpg" />
<div class="caption">Cristian Mijares</div>
</div>
<p>Cristian Mijares, el campeón de las 115 libras del CBM y la AMB subió al cuadrilátero el primero de noviembre de 2008 como siempre lo ha hecho, con una sonrisilla en los labios y una playera del Santos Laguna sobre los hombros. Vic Darchinyan esperaba en la esquina contraria, rodeado de sus manejadores —hombres con pinta de osos y llenos de cadenas de oro—. Mijares llevaba la quijada algo alzada, una muestra de despreocupación, o de arrogancia, o de falta de respeto. De cualquier cosa menos duda. </p>
<p>En la tierra natal de Mijares, la zona norteña conocida como La Laguna, el restaurante Opa transmitía el combate que sucedía a miles de kilómetros de distancia, en Carson, California. Me acomodé en un gabinete, en ese lugar lleno de partidarios de Mijares, todos ruidosos pero corteses y tan confiados como su peleador. Cuando sonó la campana en los catorce pares de bocinas de las televisiones, el murmullo desenfocado se transformó en atención concentrada. </p>
<p>Rápidamente quedó claro que algo no estaba bien. Mijares, un maestro del espacio y el movimiento, estaba apático. Nunca lo había visto tan indefenso y tan confundido. Ricardo <em>El Finito</em> López, el legendario campeón que peleó por dieciséis años sin ser derrotado y ahora comentarista de Televisa, le suplicaba a Mijares que usara su jab, que tirara más golpes. Pero Darchinyan, zurdo como Mijares, se le acercaba con facilidad y conectaba izquierdas martilleantes. Una de ellas, un uppercut, tiró de nalgas a Mijares, y la multitud en Opa ahogó un grito. La mujer enfrente de mí se agarró el cogote como si estuviera canalizando el golpe. </p>
<p>Ese fue el primer round. Para el noveno Mijares, que había absorbido cientos de golpes sin volver a visitar la lona, estaba tan atrás en las tarjetas que necesitaba un nocaut para ganar. Darchinyan, en cambio, conectó un recto de izquierda pleno en el mentón. Mijares cayó violentamente y permaneció supino, con los ojos irremediablemente vidriosos, mientras la cuenta del réferi llegaba a diez. La mujer en Opa alzó las manos frustrada. Luego el gerente del restaurante cambió de canal y el lugar se llenó de abucheos y silbidos. Cristian Mijares, el orgullo de La Laguna y hasta hacía una hora el mejor boxeador en México, había sido noqueado.  </p>
<p>Roberto Bolaño escribió alguna vez un cuento con la ciudad natal de Mijares como escenario y título. “Gómez Palacio” no es una historia feliz. El protagonista, un poeta exiliado de la ciudad de México que viaja para dar clase a un taller de escritura, desestima el lugar por considerarlo un “pueblo perdido en el norte de México”. Gran parte de la ciudad sin duda parece como que no resistiría en pie si soplara un ventarrón. </p>
<p>Gómez Palacio es una de las principales municipalidades de La Laguna; así como Torreón, la ciudad a la que llegué de Chicago en 2005, esencialmente para aprender español. No me parecía que fuera un exilio, pero tampoco podía obviar la dureza del ambiente. El clima es extremo: ventarrones, inundaciones y durante diez meses del año, un calor desértico tan implacable que los locales llaman a La Laguna “la ciudad de los huevos congelados”, por las cervezas heladas que acomodan entre las piernas. El monumento principal de la ciudad es una estatua de Jesús con los brazos abiertos sobre una colina desde la que se ve Torreón. Con encantadora falsedad, algunos locales dicen que representa la hospitalidad y la decencia de los laguneros. Nadie menciona que es una copia del Cristo redentor de Rio de Janeiro. </p>
<p>La Laguna creció alrededor de un núcleo ferrocarrilero hace unos cien años. En 1914, Pancho Villa y su División del Norte arrebataron Gómez Palacio y Torreón a los federales durante la Revolución. Pero la fama que adquirió la ciudad debido a las hazañas de Villa pronto se disipó. En los años ochenta, La Laguna destacaba de las docenas de ciudades mexicanas subdesarrolladas, quizá, por su equipo de futbol. </p>
<p>Una década y media después, se firmó el Tratado de Libre Comercio y comenzaron a llegar las multinacionales en busca de mano de obra y terrenos baratos. Hoy, John Deere, Caterpillar y Delphi, todas tienen fábricas ahí, y La Laguna se ha convertido en la novena zona metropolitana del país. </p>
<p>El narcotráfico ha estado presente desde hace mucho en La Laguna, pero incluso después de la aprobación del TLC, eso sólo se traducía en algunos reportes ocasionales de políticos corruptos y empresas usadas para el lavado de dinero. “Don Carlos” Herrera, antiguo alcalde de Gómez Palacio y vinculado con los famosos capos de Juárez y Sinaloa, mantenía la paz: su Laguna era más un centro logístico que un núcleo de violencia. Pero en 2007, gatilleros de Los Zetas dispararon cientos de balas contra un coche en el que viajaban Herrera y su esposa. Ambos sobrevivieron, pero Los Zetas lograron mandar a don Carlos de exilio, a España quizás, o tal vez a Cuba —nadie sabe con certeza. La oleada de crimen transformó el ritmo de vida en La Laguna, pero la profunda aficón de los laguneros por el deporte no ha cambiado. Por supuesto el futbol es imprescindible, y los niños juegan en la calle. Cuando Santos ganó el título de liga en 2008, hubo festejos anárquicos por todos lados. El boxeo ocupa el segundo lugar. El dueño de un gimnasio me dijo que La Laguna tenía como cuarenta gimnasios —esto en una zona con poco más de un millón de personas. Cristian Mijares entrena en Rochmar Box, el lugar más pulcro que se puede hallar. La membresía cuesta treinta dólares al mes; por menos puedes hacerte miembro de los negocios sin lujos que subsisten en centros comerciales semiabandonados, donde no puedes saltar cuerda sin golpear el techo. </p>
<p>Hace una generación, Jesús López era el terror de los gimnasios locales y un ligero notable. Su apodo era <em>Pascualito</em>, pero ahora todos lo llaman <em>Campeón</em>. Es un poco un equívoco; López le dio batalla a varios futuros campeones (en particular dos refriegas que se fueron a decisión contra Daniel Zaragoza), pero, contrario a Mijares, nunca logró pelear por el título. Hablé con él una noche en el puesto de burritos que opera, un negocio sencillo junto a una gasolinera en una zona transitada del Boulevard de la Revolución. </p>
<p>—Debuté en 1980. Veinte años —dice. </p>
<p>—¿Durante cuánto tiempo estuviste peleando como amateur?</p>
<p>—Amateur no, no, no, No peleé como amateur. </p>
<p>—¿Cuánto tiempo te preparaste para la primera pelea? </p>
<p>—Como medio año.</p>
<p>—¿Y cómo te fue? </p>
<p>—Bien, en esa primera lo noqueé en tres rounds. </p>
<p>—¿Y cuánto te pagaron? </p>
<p>De sus labios sale un sonido que captura toda la nostalgia, el desconcierto y la exasperación que siente: </p>
<p>—Aaaaay, debuté en 1980, en Matamoros, Coahuila, en la Arena del PRI. Gané treinta y cinco pesos.—El <em>Campeón </em>vende sus burritos por siete pesos, y en una hora pico logra vender unos treinta. </p>
<p>Si el <em>Campeón</em> hiciera su debut hoy, probablemente se llevaría varios cientos o incluso miles de dólares. El promotor de Mijares no me dijo cuánto le pagaron a su cliente por la pelea contra Darchinyan, pero me sorprendería si fue menos de trescientos mil dólares. </p>
<div class="imagen-derecha" style="text-align: right;"><img alt="" src="http://esquinaboxeo.com/wp-content/uploads/2013/04/c_mijares1.jpg" />
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<p>Las noches de boxeo profesional son asuntos llenos de humo y cerveza en coliseos derruidos, se extienden hasta más allá de las dos de la mañana por no tener que cumplir con horarios de televisión. Cuando llegué en 2005, las carteleras incluían a Marco Antonio Rubio o a Rubén Padilla, las dos estrellas locales. Ambos eran grandes pegadores cuyo estilo es ir con todo al frente, aunque Rubio es mucho más depurado. Ha ganado un puñado de cinturones regionales, pero su problema es que siempre pierde las peleas grandes. El sábado 21 de febrero de 2009 peleó contra Kelly Pavlik por el título mundial de los pesos medios; después de que Pavlik lo apabulló durante nueve rounds, Rubio no salió para el décimo. En su primer viaje a Las Vegas en 2004, lo noqueó el ghanés KofiJantuah en treinta segundos. </p>
<p>Después de que Mijares ganó su primer título mundial en 2006, se convirtió en el peleador más famoso de La Laguna. Sus peleas se volvieron eventos. Doce mil personas se reunieron en la arena de su ciudad para ver a Mijares vapulear al tozudo Teppei Kikui en julio de 2007, y otros ocho mil fanáticos decepcionados esperaron afuera, yo entre ellos. El pasado agosto, dieciocho mil personas llenaron una arena en Monterrey para verlo desmantelar al ligero de puños y todavía más ligero de quijada Chatchai Sasakui en tres episodios. </p>
<p>Mijares no era el primer lagunero en ganar un título mundial, pero era el primero en retenerlo. Era también el primero en hacerse evidentemente rico a través del boxeo. Tiene patrocinios con media docena de empresas locales, desde una gasera hasta una compañía de ambulancias; sus manejadores quieren llevarlo también al mercado de la ropa deportiva y las tarjetas de crédito; la idea es hacerlo un Peyton Manning de 1.60 y 115 libras. Y ya, en una ciudad en la que todavía se ve alguna carreta jalada por un burro, Mijares maneja un BMW 325i último modelo. </p>
<p>Cuando visité a Mijares en su gimnasio en octubre, un mes antes de que peleara contra Darchinyan, entretenía incluso cuando entrenaba. Escuchaba cumbias y norteñas a todo volumen e interrumpía lo que hacía después de unos minutos para bailar un poco. Alrededor suyo, adolescentes (niños y niñas) y hombres de habilidades variadas, soltaban las manos contra el costal, la pera, la pera loca, las guanteletas y contra otros. </p>
<p>Mijares es el retoño de una familia de boxeadores. Sus dos tíos son entrenadores y ex peleadores, y un par de sus primos también pelean profesionalmente. “Creces en ese entorno”, dijo, y quieres pelear, “gracias a mis tíos, Vicente y Ricardo Mijares&#8230; Siempre íbamos al gimnasio a sudar cuando ellos entrenaban. Naces con esa inquietud. Llegas a un punto en el que quieres ser como ellos, o ser campeón del mundo. Creo que todos mis primos y yo sentíamos lo mismo.” </p>
<p>Los dos tíos de Mijares lo ayudan con el entrenamiento, pero Ricardo, quien lleva en la cara las huellas de una larga carrera en el ring, es el que toma el mando. Su voz es suave y su estilo es discreto. Ricardo no le grita ni mandonea a su sobrino; al contrario, se lo lleva a un lado y le hace alguna sugerencia, a la que Mijares asiente. Mijares comenzó a entrenar cuando tenía doce y debutó en 1997, a meses de cumplir dieciséis. Durante casi una década ha afinadosus habilidades en el lado B de funciones pequeñas, con frecuencia abucheado por fanáticos ávidos de nocauts. Perdió tres de sus primeras quince peleas, y empató una más, todas en encuentros lejos de su casa. </p>
<p>Nacho Huizar, un promotor veterano que había tenido a Mijares en la mira por años antes de frmarlo, lo convirtió de un simple talento a ser un contendiente; lo mandó a Japón en 2006 donde ganó una decisión dividida contra el campeón mundial Katsushige Kawashima. Pero no fue hasta que peleó contra Jorge Arce en abril de 2007, que dio el salto a la fama y se convirtió en un rostro conocido con un nombre rentable. </p>
<p>Arce, quien salta al ring con un sombrero vaquero y con una paleta en la boca, era el boxeador mexicano más conocido en ese momento. Ser un agresor casi bufonesco era parte de su estilo, y predijo en muchas ocasiones en la prensa que noquearía. Arce es un fajador; cuando sonó la campana, no desperdició ni un segundo lanzándose hacia el frente tirando golpes. Mijares esquivó o bloqueó la mayoría y respondió con dos, tres, cuatro golpes propios, cada round, durante doce. Para el final del combate, la cara de Arce chorreaba sangre y la decisión en favor de Mijares fue unánime. El siguiente lunes, una compañera de trabajo llamada Angélica, que nunca antes había hablado de boxeo conmigo me preguntó: “¿Viste a Mijares? ¡Qué madriza le dio!” </p>
<p>Después de eso, no sólo querían entrevistarlo los periodistas deportivos, también las revistas de sociales. Su círculo se amplió de los pesos pesados en el boxeo a los pesos pesados en la política. Comenzó a aparecerse en eventos del alcalde de Gómez Palacio y fue homenajeado por el gobernador de Durango. Incluso lo celebraron en el estadio antes de un partido del Santos. </p>
<p>El primero de noviembre de 2008 en Carson, Mijares hacía su novena defensa del título que ostentaba desde hacía poco más de dos años. Vic Darchinyan, el campeón supermosca de la FIB, había dejado a un retador en coma y contaba veinticuatro nocauts en treinta y dos peleas. Le pregunté a Mijares qué era lo que más le preocupaba acerca de la pelea. “Su fortaleza, nada más”, me dijo. “Creo que he enfrentado a rivales que pegan mucho más fuerte que él. Pero eso es lo que dicen de él, casi todos, que pega duro”. </p>
<p>Darchinyan, un armenio avecindado en Australia, en una conferencia de prensa en Los Ángeles un mes antes de la pelea hizo todo lo posible por molestar a Mijares. “Dicen que Mijares es el mejor peleador libra por libra que hay”, le dijo a los medios reunidos ahí, “pero después que lo despache, veremos de qué está hecho. Le voy a dar una lección a ese niñito.” Cuando discutí esto con él, Mijares se tornó enfático: “Quiere intimidarme diciendo mil cosas, hablando de más. No me interesa. En este boxeo uno habla con golpes, no con la boca.” </p>
<p>Los golpes hablaron. “¿Qué puedo decir?”, dijo Mijares a un periódico local después de ser noqueado. “Nunca pude resolver su estilo. Es un peleador difícil, y me tocó perder. Es un boxeador fuerte y no hay excusas.” La Laguna estaba decepcionada, pero Mijares no es menos querido. Su rostro es tan ubicuo como el sol de verano y después de unas se-manas, sus fanáticos, como el mismo Mijares, pasaron a otra cosa.  </p>
<p>El boxeo es un deporte que premia el ego. El boxeador que se cree invencible tiene más posibilidades de serlo. El que entra al cuadrilátero con dudas sobre su habilidad, por más escondidas que sean, es el que probablemente salga derrotado, si no noqueado.</p>
<p>Al darse cuenta de su vulnerabilidad, es difícil, hasta imposible, que un boxeador recupere la sensación de ser indomable. Cuando lo pierdes, lo pierdes. Como la caja de Pandora, al quedar descubierto, tal dato no se puede volver a tapar. Y por lo mismo, los campeones que sufren nocauts devastadores típicamente nunca regresan a su nivel anterior. Físicamente, son el mismo, pero en lo mental, el nocaut sacudió la fundación de su éxito. </p>
<p>Cabe destacar que el fenómeno mencionado es mucho más notable para los nocauts —una decisión puede ser culpa de los jueces. Un nocaut reduce el deporte a lo más esencial —un reto de chingadazos en que uno se queda de pie, y el otro tirado. El perdedor no puede matizar ni explicar una derrota así. También es diferente cuando el noqueado ya es un gran peleador, es decir, cuando ya ha desarrollado esa creencia en su capacidad. Hay muchos novatos que sufren nocauts pero luego llegan a ser grandes (por ejemplo, Joe Louis, Sergio Martínez), pues en tal caso, no perdieron algo que no se puede recuperar. Como los novatos que son, un sentido de invulnerabilidad aún no existe, así que un nocaut al principio de la carrera es una mala noticia, un paso para atrás, pero no es un suceso tan trascendente. </p>
<p>Para los grandes que pierden por nocaut, que a golpes pierden el sentido mientras su contrincante festeja como loco, es muy diferente. De cierta forma, el daño es irreparable, porque su grandeza ya es una mentira. Sobran los ejemplos de los que nunca recuperan su nivel: George Foreman después de Muhammad Ali, Mike Tyson después de Buster Douglas, Naseem Hamed después de Marco Antonio Barrera, Tito Trinidad después de Bernard Hopkins, Zab Judah después de KostyaTszyu, Paul Williams después de Sergio Martínez, Miguel Cotto después de Antonio Margarito, etcétera, etcétera, etcétera. Es una lista casi sin fin. </p>
<p>Tengo una simpatía y admiración especial para con los boxeadores que pierden esa indomabilidad, pero siguen compitiendo a un nivel muy alto. Éstos saben perfectamente bien que son vencibles, que su mandíbula se puede tocar, que su aguante y fuerza tienen límites. Su miedo ya tiene cara, ya se ha hecho realidad. Pese a eso, siguen. </p>
<p>Luego de un nocaut brutal a manos de Vic Darchinyan en 2008, la burbuja de invulnerabilidad en la cual existía Cristian Mijares, explotó. Le siguió con dos decisiones perdidas contra Nehomar Cermeño, un desconocido. Parecía perdido, y tomando en cuenta la superioridad de Darchinyan, era entendible. La respuesta más lógica a tal situación fue el retiro del deporte. </p>
<p>Pero Mijares no optó por el retiro. Siguió peleando. Después de Cermeño, regresó con dos peleas más a finaes de 2009, noqueando a un par de peleadores de poca experiencia y habilidad. Poco a poco, subía de peso, y subía de nivel. Entre otros, le ganó a Alejandro Valdez en 2011 y a Rafa Márquez en 2012, su última pelea. Desde su última derrota, Mijares ha sumado once victorias consecutivas, siete de ellas por nocaut. Es imposible saber hasta cuando la racha reciente seguirá, pero un <em>titleshot</em> parece probable en un futuro no tan lejano.</p>
<p>Aunque no alcance otro campeonato, si esto acaba siendo el último capítulo de su carrera, no es nada despreciable. Más aún porque Mijares ya conoce íntimamente su vulnerabilidad. No siempre era así. Hace cinco años, todo el mundo preveía una victoria fácil sobre Darchinyan, y se preguntaba quién sería capaz de vencerlo. </p>
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